Almendra Pingo: “Sí se puede soñar, estudiar y transformar desde La Islilla”

Uno de nuestros programas más exitosos y de mayor aceptación por la comunidad es Generación UMA. Una iniciativa de formación y acompañamiento dirigida a adolescentes de comunidades pesqueras que combina refuerzo académico, orientación vocacional, desarrollo de habilidades socioemocionales y un trabajo cercano con las familias. Su propósito es fortalecer el liderazgo juvenil, promover la equidad de género y ampliar las oportunidades educativas para que más jóvenes puedan continuar estudios superiores. A través de espacios seguros de diálogo, mentoría personalizada y acceso a becas para academias preuniversitarias, el programa busca que los y las adolescentes desarrollen su potencial y construyan proyectos de vida con mayores oportunidades.

Un ejemplo de los resultados de este proceso es la historia de Almendra Yasmín Pingo Zapata, de 17 años, isleña de nacimiento, quien se describe como una adolescente “disciplinada, enfocada y con muchas ganas de seguir adelante”. Hoy está a punto de iniciar una nueva etapa tras haber ingresado a la Universidad Nacional de Piura, logro que representa para ella la recompensa a años de esfuerzo, constancia y fe como egresada de Generación UMA. “Muy pronto, con la bendición de Dios, seré estudiante universitaria”, afirma con emoción, recordando que no fue un camino lineal. Detrás de esa frase hay madrugadas de estudio, nervios y la decisión firme de no rendirse en una comunidad pesquera donde las mujeres no suelen tener las mismas oportunidades. Su historia refleja el impacto que puede tener el acompañamiento educativo y el fortalecimiento del liderazgo juvenil en la construcción de nuevos horizontes para las y los jóvenes de La Islilla.

Cuando se le pregunta qué significa haber crecido en La Islilla, su respuesta va más allá de la nostalgia. “Haber crecido aquí es algo muy significativo, porque a pesar de que presencié muchas dificultades, estas me fortalecieron”. Las limitaciones económicas, las brechas educativas y los retos propios de una comunidad pesquera no la frenaron; por el contrario, moldearon su carácter. Describe su comunidad como “un lugar muy tranquilo y acogedor, con playas hermosas y una población que siempre estará dispuesta a apoyarte”, una caleta con identidad propia, donde la cultura, las costumbres y la solidaridad son parte del día a día.

Los valores que la formaron están profundamente ligados a su experiencia comunitaria. “Respeto, humildad, solidaridad, perseverancia, empatía, responsabilidad, honestidad y justicia”, enumera con seguridad los valores que ha adquirido en La Islilla. Para Almendra, estos principios no son solo palabras, sino prácticas cotidianas que la acompañan en cada decisión. Explica que desde pequeña entendió que el crecimiento no es únicamente académico: “No solo quiero crecer profesionalmente, sino también como persona, de manera espiritual”. Esa visión integral la ha llevado a asumir cada oportunidad con compromiso y conciencia.

Su historia con el programa Generación UMA de Future of Fish es un ejemplo de paciencia y determinación. Durante años quiso participar, pero las convocatorias no coincidían con su grado escolar. Cuando estaba en tercero, el programa era para cuarto y quinto; cuando pasó a cuarto, era para grados menores. Finalmente, en quinto de secundaria, se abrió la posibilidad. “Sentí que era una gran oportunidad que no debía dejar pasar”, recuerda. Conocía los resultados que el programa había tenido en otros jóvenes y decidió postular por iniciativa propia, convencida de que podía ser un punto de quiebre en su vida. Y, felizmente, lo fue.

Desde su ingreso al programa, experimentó cambios personales profundos. El acompañamiento constante del equipo de Future of Fish, las conversaciones individuales y los espacios de confianza la ayudaron a mirar su futuro con mayor claridad. “Empecé a enfocarme más en lo que quería, en mis metas”, explica. Reconoce que antes podía ser más impulsiva: “Muchas veces era un poco más colérica”. A través del diálogo y la orientación, aprendió a manejar mejor sus emociones, a reflexionar antes de actuar y a tomar decisiones con mayor madurez. El programa no solo fortaleció su rendimiento académico, sino también su inteligencia emocional, ya que no es solo un programa académico sino también incluye el fortalecimiento de habilidades blandas, de estudiantes y sus padres.

Uno de los pilares más importantes fue la beca para la academia preuniversitaria que Future of Fish desarrolló como parte del programa. Almendra es consciente de las brechas educativas que enfrentan muchos estudiantes de colegios públicos. “En un colegio estatal no siempre te enseñan lo que vas a ver en la universidad”, comenta. La academia se convirtió en su base académica, el espacio donde consolidó conocimientos y ganó confianza. Aunque en su primer intento no logró ingresar, ese momento marcó un antes y un después. Recuerda que el equipo de Future of fish la visitó tras el resultado adverso y le dijo: “Nosotras confiamos en ti, vas a lograr ese ingreso”. Ese respaldo fue determinante para que volviera a postular con más fuerza

El impacto del programa trascendió lo individual y llegó a su entorno familiar, reafirmando el enfoque integral de Generación UMA, que no solo se centra en la preparación académica para el ingreso a la universidad, sino también en fortalecer el contexto que acompaña a los y las adolescentes. A través de entrevistas personales con los padres, reuniones familiares y talleres de crianza positiva, el programa involucra activamente a las familias en el proceso educativo de sus hijos, brindándoles herramientas para mejorar la comunicación, la confianza y el acompañamiento durante una etapa clave de decisiones vocacionales y preparación académica. Además, estos espacios permiten orientar a las familias sobre el proceso de postulación universitaria, resolviendo dudas y brindando asesoría para que puedan apoyar de manera informada a sus hijos.

En el caso de Yasmin, este proceso generó cambios significativos en su hogar. “La relación con mi familia cambió muchísimo, se volvió más tranquila y segura”, afirma. Sus padres, por su parte, fueron su mayor soporte durante todo el camino hacia la universidad. “Siempre confiaron en mí… nunca se negaron cuando necesitaba apoyo para la academia”. La combinación entre el respaldo familiar y el acompañamiento cercano del programa creó una red de apoyo sólida que fortaleció su confianza y sostuvo su esfuerzo durante los meses de preparación, demostrando que cuando la familia también forma parte del proceso educativo, las oportunidades de los jóvenes se amplían y sus metas se vuelven más alcanzables.

Crecer en una comunidad donde la pesca artesanal es la principal actividad económica también implicó enfrentar barreras de género. “La verdad, sí sentí machismo en mi comunidad”, admite. Recuerda con claridad un momento de su etapa escolar, cuando decidió postular al municipio escolar frente a un candidato varón. “Sentía temor porque siempre los demás alumnos escuchaban más al varón. Le daban mayor credibilidad”. Sin embargo, decidió desafiar ese miedo y ganó. “Esa barrera la derribé y me enseñó que no hay nada imposible”, dice con orgullo. Para ella, abrir camino significa demostrar que las mujeres también pueden liderar, participar y soñar en grande sin renunciar a sus raíces.

Eligió la carrera de Lengua y Literatura porque combina su amor por la lectura, el análisis de obras y la enseñanza. “Me gusta mucho la lectura, las obras literarias, los autores y su vida”, explica. También ha descubierto que disfruta enseñar; incluso participó en talleres donde apoyaba a otros estudiantes. Su sueño no se limita al aula universitaria: quiere regresar a La Islilla como profesional, motivar a jóvenes a culminar sus estudios y escribir libros o documentales que visibilicen la cultura, la fauna y la flora de su comunidad. “La Islilla tiene una cultura súper hermosa que muchos no conocen”, afirma convencida.

Finalmente, cuando se le pide un mensaje para otros jóvenes que sienten que su contexto los limita, responde con firmeza: “Nunca se rindan. Siempre se puede lograr todo lo que uno se proponga”. Para Almendra, devolver lo recibido significa no olvidar a quienes la apoyaron y, en el futuro, brindar oportunidades a quienes no cuentan con recursos. Hoy se reconoce como un ejemplo para otras adolescentes que dudan de sus capacidades. “Ser esa joven que demuestra que sí se puede es un gran logro, porque doy esperanza a muchas más de que sí se puede soñar, estudiar y transformar desde la comunidad”.

Historias como la suya reflejan también la visión de transformación social que impulsa Future of Fish Perú a través del programa Generación UMA: fortalecer las oportunidades de los jóvenes de comunidades pesqueras para que puedan ampliar sus horizontes educativos y laborales, contribuyendo a mejorar la calidad de vida de sus familias y comunidades. Al promover el acceso a la educación superior, el liderazgo juvenil y nuevas aspiraciones profesionales, el programa busca diversificar las trayectorias de vida más allá de la actividad pesquera, generando comunidades más resilientes, con mayores oportunidades y con jóvenes capaces de liderar cambios positivos desde su propio territorio.

 

Published Mar 09, 2026

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